Un vistazo al personaje

Cuando nos hacemos la pregunta crucial: ¿quiénes somos? saltan del cajón de la memoria muchas cosas; por eso es bueno detenernos un momento a pensar; por ejemplo, en nuestro nombre, que de entrada puede causar impacto por la dificultad en la pronunciación, acentuación o escritura; también es importante revisar cada capa de lo que creemos que nos compone, ir al núcleo, encontrar que por encima del género, del número y de los adjetivos que creemos que nos definen hay un sustantivo que nos iguala al otro, que nos acerca y nos permite comprenderlo y hacernos comprender, somos Humanos.

Primer Yo

Mi nombre es Andrés Cordovés, nací el 3 de diciembre de 1986, según el calendario civil gregoriano, de uso frecuente y el 1 de kislev de 5747 según el calendario hebreo; nací en el seno de una familia muy grande y unida y he crecido como hijo único, pero con la cantidad de primos y amigos he escogido entre ellos a mis hermanos y hermanas, una posibilidad que no todo mundo puede darse. Mi familia ha sido muy importante para mi, de mi abuela materna aprendí a darle valor a la cocina y de ella me viene el amor por la gastronomía, de mi abuela paterna comprendí la sinceridad y que la familia es un pequeño universo con las mismas características que tiene la sociedad en que vivimos. De mis abuelos no tengo recuerdos propios, pero sí una gran memoria cultivada por quienes han sido cercanos; mi memoria familiar trasciende estos límites y se va a los confines de la historia, se liga con mi país, con mi destino, permea lo más profundo que soy y me vuelve un quién con la misión de trascender mi tiempo y el espacio que ocupo. Cada uno de mis tíos, que son muchos, ha sembrado un árbol, pero hay tías que han sembrado bosques enteros en mi; dos de ellas a quienes aprecio mucho, una, como una madre espiritual, con quien he vivido profundas enseñanzas de vida que me han hecho lo que hoy soy y otra con quien he tenido una complicidad muy peculiar, pues hemos trabado una amistad en la distancia, ha sido fuente de mi admiración y respeto y la considero una auténtica heroína. Como ven, mi historia personal, revela mis raíces, no podría ser quién soy si no hubiera nacido donde nací.

Venezolano con Terroir

Por ambas genealogías, paterna y materna, puede decirse que tengo terroir; soy un venezolano de pura cepa, tengo otros amores patrios, que de soslayo me sonríen y con los que he vivido intensamente el descubrimiento de mi espiritualidad; no soy solo americano, soy un paisano universal pues mi gente ha recorrido el mundo y vengo de hombres y mujeres que me hacen, con todo este palpitar vigorizante de amor a Venezuela, un ciudadano universal.

Foodie Pasteurizado

Soy un goloso que ha aprendido a descubrir las formas más sublimes del placer; para mi comer no es suficiente, sostengo que necesito comer sabroso. Los frijoles y leguminosas de mi abuela me hicieron entender que cocinar no se trata de unir ingredientes, sino de imprimirle a la cocina pasión y método; la arepa ha sido mi vaso de pietri; con ella he experimentado innumerables combinaciones. La gastronomía es un lenguaje que hay que aprender a usar para entendernos, para encontrar nuestros orígenes, para aliarnos con la humanidad, amo la cocina alemana bien hecha, los sabores mediterráneos, la complejidad del lejano oriente y su versada gastronomía filosófica; amo con inmenso amor los svingous, los latkes de papa, los sufganiot y en general la pastelería judía; me conecto con sabores que rememoran mi pasado más lejano al probar comida del medio oriente y cuando se trata del mar, puedo admitir que debo tener una gran deuda que saldar con él, me fascinan sus frutos. No soy de los que solo degusta, soy de los que prueba, cocina, mete las manos en la candela, experimenta los sabores antes de llegar al plato, voy a la tierra y siembro y me gusta, porque me prepara para la vida, me higieniza contra cualquier prejuicio del comer, soy un foodie pasteurizado.

Lexicultor

Mi casa ha sido la palabra; quizás no lo supe desde muy pequeño, pero hubo siempre una intuición; un amor a la palabra, tal que no me dormía con facilidad si me leían cuentos; mi mamá se pasaba horas intentando dormirme con cuentos, al punto que había que inventarmelos; la literatura y la palabra producían en mi un encanto singular; los idiomas, las distintas formas de comunicación, como medios para entablar una conversación con la imaginación, me abrieron un pasaje a la geografía universal, mi mundo no se compone de evidentes viajes en el cuerpo, sino de una consciencia de lo que hay más allá de lo que veo con asombro. La palabra y su espíritu me han hecho comprender que la visión del mundo puede ocurrir en dos enfoques, uno simple y otro sencillo; el simple solo atiende lo que sus oídos oyen de cerca o sus ojos miran al frente, mientras que el sencillo va al detalle, escucha con atención, miran la gran fotografía y buscan a Waldo. A esa aventura, a ese viaje que intenta destapar todas las tapas que me alejan del descubrimiento de lo terrible, a este pequeño recorrido por el maravilloso mundo de la virtud llamo yo el cultivo de mi casa, de la palabra; por eso soy un lexicultor.

Esta es mi breve introducción; una presentación bastante resumida de mi personalidad, traducida al lenguaje de la felicidad; hay densidades por recorrer y ámbitos que descubrir aún.

Juan Carlos Díaz Quilen

Politólogo, escritor y cuentero

PolítiKa UCAB

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