El voto

La palabra voto tiene origen en el verbo latino vovere, que puede traducirse como comprometerse o prometer una cosa solemnemente y está asociada a la acción de declarar una voluntad indeclinable hacia algo, sea una causa, una persona o una responsabilidad; nos ayuda a aproximarnos al espíritu de la palabra otra que está ligada al mismo origen: devoto.

Nos referimos a alguien como un devoto, cuando esa persona se dedica, bajo promesa, a algo o alguien; de ahí que el voto no sea una simple manifestación de voluntad ni sea un derecho tan simple como lo es el derecho a la vida, por ejemplo, inherente a todos los seres humanos, desde el mismo momento de su concepción. Sigue leyendo

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¿Juicio político?

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En el ordenamiento institucional venezolano sólo dos organismos del Poder Público son emanados directamente de la soberanía popular, los tres correspondientes al resto lo son indirectamente; la jefatura de Estado y de gobierno descansa sobre la figura presidencial junto con la del vicepresidente, aunque sólo el presidente está protegido por la legitimidad de origen que otorga la designación popular; el resto del gabinete no tiene legitimidad de origen, tan solo la que le proporciona la legalidad vigente. Sigue leyendo

Oposición Proactiva

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Una de las debilidades más notables en la oposición política venezolana es su reactividad; la constante respuesta a los ataques, obstáculos, persecuciones, impedimentos, coacciones, imposiciones del gobierno desgasta a su dirigencia, prácticamente la ha convertido en un anexo previsible de sus políticas de represión, enajenación de las libertades civiles, experimentación sobre la efectividad de los modelos totalitarios aplicados al país y finalmente de la implantación progresiva de un sistema dictatorial de manual. Sigue leyendo

El efecto aerostático

globoaeroCasi todos conocemos el principio de Arquímedes, sí, aquél que derivó en la famosísima expresión que usamos al hacer un gran descubrimiento; pues resulta que Arquímedes según ese principio, tan memorable sostiene que “un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja”, es decir, que si tomamos este principio para explicar el funcionamiento de un globo aerostático, la cantidad de aire caliente que entra en la funda del globo desaloja al aire frío, por tanto, por efecto del empuje, el globo asciende.

Si traspolamos el principio de Arquímedes al crecimiento de una organización, podríamos asegurar que éste se debe al ingreso de capitales, lo que deriva en nuevas inversiones, permitiendo un empuje hacia arriba; cuando el ingreso de capitales se debe al aumento de la demanda de bienes o servicios, el empuje puede ser considerado, benéfico, pero si el ingreso de capitales no se debe al aumento de la demanda, sino al aumento de los precios, entonces el crecimiento no indica mayor productividad, lo cual podría ser considerado negativo.

En nuestra economía experimentamos un aumento desmedido de los precios desde hace poco más de dos décadas, la inflación ha producido distorsiones en la microeconomía que en la actualidad han derivado en un fenómeno terrible: “el bachaqueo”, un entramado informal yuxtapuesto a una estructura de mafias que conforman una cadena de desangramiento que sólo “beneficia” a los participantes de esta economía paralela; los “bachaqueros”, como se les conoce a los que viven de la venta de productos con sobreprecio, compran, al por mayor, casi siempre, productos que el gobierno, a través de sus controles de precio, ha regulado para la economía formal, a estructuras mafiosas casi siempre conformadas por funcionarios de la administración pública y oficiales de los órganos de seguridad, quienes manejan los medios de distribución desde almacenes, operativos de decomiso, aduanas, alcabalas o simplemente grandes abastos, pensando que están ganando, la verdad sea dicha, ingenuamente.

Así como podemos ver, en el efecto aerostático, tan solo suben los precios por el efecto del incremento de los precios, entra aire caliente y sale aire frío, pero nada más; todo lo que entra rápidamente se enfría, y si en algún momento, después de mucho subir, de estar por sobre los límites del cielo navegable, llegase a sucumbir el quemador, la caída parecerá brutal.

Las economías no pueden sostenerse sobre razonamientos virtuales, sobre creencias y apariencias; las economías se sostienen, avanzan, progresan en la medida en que el dinero que circule tenga valor, y ese valor lo da el trabajo, el valor de lo que se compra y vende, y para que haya cosas qué comprar y vender, tiene alguien que hacerlas; si nadie está haciendo nada, todo lo que se consuma es finito, y si es finito pierde valor, porque existe sólo por un instante, vale durante solo un momento.

Creo que es momento de reflexionar y mirar a quién conviene la distorsión de nuestra economía, ¿quién se beneficia de la ausencia de empleos reales? ¿quién capitaliza la inexistencia de producción? ¿quién gana sin competitividad, mercado y medios para prolongar negocios? Creo que es tiempo de razonar son sensatez y encontrar responsables de esas distorsiones, de esas permisividades, de esas corruptelas afincadas en pequeños pero importantes puestos de control que más bien obedecen al descontrol, porque en teoría, ni siquiera esos responsables, ni siquiera los perversos o tontos útiles que manejen los hilos del desastre están ganando; todo lo que hacen es acumular oropel como mangostas escurridizas movidas por la avaricia.

Pronto, para luego es tarde.

Imágenes cortesía: Freepik

Nuestra arepa

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La pelúa, la catira, reina pepiada, dominó, la sifrina, la viuda, son sólo algunos apelativos para ese símbolo nuestro, creación gastronómica de nuestros ancestros precolombinos y cultivo culinario de los que vinieron después y del que ha surgido nuestra máxima representación nacional, un auténtico vehículo de nuestro sentir identitario, compartido nominalmente con algunos países de la región por común herencia, pero medularmente, sustancialmente venezolano. Sigue leyendo